Huevo
sust. masc. (claramente masculino)
1. ~ de oro
Midas quiso fortuna y le dieron un don magníficamente inesperado. Todo lo que tocaba se convertía en oro. No poder comer frutas fue el primer problema. Convertir a su mujer en una estatua de oro estuvo casi bueno. Pero intentar rascarse fue el punto final de una seguidilla de malos ratos.
Mejor comprarse una gallina, ponerle un nombre snob y rezar que sea la indicada.
De última, se puede desplumar, hacer linda bijouterie para vender en Plaza Francia y comerse el resto en la próxima celebración familiar.
Pobre Charlotte Brontë, era una buena mascota.
2. Poner ~
Ok. Una expresión tan inexplicable y enormemente masculina nos llena de estupor y nos xbligx x pxnxr x xn txdxs lxs vxcxlxs. (Véase Ovarios)
Pero viene al caso.
A veces, hay que poner huevos, porque poner ovarios no suena bien y es más difícil de rimar. Huevo rima con puedo, o con fuego, o con nuevo. Pero ovario rima con otario, y no tiene gracia.
Poner huevo, bancar la parada, militar el cachengue.
Todo termina siendo parte de lo mismo.
martes, 18 de octubre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
VII. París
Estás tan lejos en mi memoria, que casi merece un sueño haberte conocido.
Disfrazo la ficción que te relata en mis recuerdos de caminata interminable y de hotel de noche de verano y pateo esta esfera de recuerdos informes y disfuncionales.
Tengo aromas e imágenes. Tengo la desazón de descubrirte tan cotidiana y otra. Me mostraste que sí, que las ciudades tienen las mismas pecas y los mismos malestares.
Me pusiste los ojos plumosos y me hiciste francesamente cursi.
No entenderías, no, lo que digo cuando digo que quiero recordarte, porque para vos no pasa el pasado por tus ojos.
Vos no sos un vals, vos no sos Notredame llena de música. Vos no sos la sensación de vuelo y de años que se condensan en 3 días de tour rabioso. No sos el pintor que había volado a Montmartre y me prometía, rompiéndome las ganas, que no todo era lo que creíamos que era.
Me releo: "La ratita sabia, la niña intrépida.", así me llamó ese pintor testigo, "El hombre que tiene arte en su halo y que está ahí, para contar vivencias, para vivenciar cuentos... Escribis como actuas cuando te achispas, ¿entendés?"
No sé si me gusto. Me sueno a sueño de ratita sabia y de niña intrépida, que creía. Todavía.
No sé si sos.
Pero te recuerdo, lejana. Y basta desempolvar una bolsa que me hace estornudar y me llena las manos de polvo.
Eso debés ser entonces.
Polvo.
Disfrazo la ficción que te relata en mis recuerdos de caminata interminable y de hotel de noche de verano y pateo esta esfera de recuerdos informes y disfuncionales.
Tengo aromas e imágenes. Tengo la desazón de descubrirte tan cotidiana y otra. Me mostraste que sí, que las ciudades tienen las mismas pecas y los mismos malestares.
Me pusiste los ojos plumosos y me hiciste francesamente cursi.
No entenderías, no, lo que digo cuando digo que quiero recordarte, porque para vos no pasa el pasado por tus ojos.
Vos no sos un vals, vos no sos Notredame llena de música. Vos no sos la sensación de vuelo y de años que se condensan en 3 días de tour rabioso. No sos el pintor que había volado a Montmartre y me prometía, rompiéndome las ganas, que no todo era lo que creíamos que era.
Me releo: "La ratita sabia, la niña intrépida.", así me llamó ese pintor testigo, "El hombre que tiene arte en su halo y que está ahí, para contar vivencias, para vivenciar cuentos... Escribis como actuas cuando te achispas, ¿entendés?"
No sé si me gusto. Me sueno a sueño de ratita sabia y de niña intrépida, que creía. Todavía.
No sé si sos.
Pero te recuerdo, lejana. Y basta desempolvar una bolsa que me hace estornudar y me llena las manos de polvo.
Eso debés ser entonces.
Polvo.
domingo, 9 de octubre de 2011
"No sabré explicar que amarte es esto" (L.A)
Intento ponerte palabras, pero no le encuentro poiesis al amor y prefiero sentirlo.
Me cuesta encontrarte rimas y cierro los ojos e intento recordar la sintaxis de tus besos o las ganas que sentíamos cuando escribimos las mayúsculas rojas de ese "Sí, bueno. Dale. Vamos."
No sé explicarte.
Cuando quiero encontrarte formas me sueno a repetida y a palabra sucia, manchada, violeta.
No hay formas, sentidos.
Que no hay retóricas que le den estructura a estos que te amo que siento en el cuerpo y en las tensiones y en las transiciones entre dos unos.
Que no quiero explicaciones sin sensaciones. Que no sé pensamientos sin sensamientos.
Que somos pulsaciones de ritmo, tal vez. Y sombra de palabras, algunas veces.
jueves, 15 de septiembre de 2011
VI. Madrid
¿Te acordás de los caballos de verdad que se mezclaban con los caballos de bronce? El Parque de Retiro, que me enseñó a enseñar y la Puerta de Alcalá, que estaba abierta y "las puertas se me abren de par en par". Había puertas abiertas en todo Madrid y para mí sola.
Madrid, vos fuiste libertad.
Me acompañaste en la soledad del viajero que no le tiene miedo al lugar desconocido y que se larga a las calles, con ganas de sentirse parte. ¿Te acordás de esos 19 días y esas 500 noches que sonaron mientras comías bajo el agobiante sol madrileño?
También me descubriste avanzada y desprejuicida y me lo mostrarte en una noche de paseo con un grupo de conocidos temporales. Ese rato en el que todos, sin importar de dónde venimos, tenemos esa pequeña vida en común. Fue intentar entender portugués, cuando quería hablar en francés y tomaba una cerveza negra irlandesa. Y disfrutarlo.
También una lluvia de tradición y colores y una libreta anotada en vivo y en directo, mientras cambiaba el olor de la plaza y la gente gritaba la tiranía y el dolor animal. Fuiste la magia de entender, sobre todo. Fuiste flamenco y tauromaquia.
Hubo un rato de paseo y hubo un llanto en la garganta frente a ese cuadro de siempre, que apareció sin que lo buscaras. Hubo sol. Hubo Cernuda que compré y disfruté en cada sombra que encontraba y que me obligaba a disfrutarte.
También fuiste encontrarme a Federico, lejos de Federico. Un cielo celeste donde se recortaba la estatua de ojos vacíos y una paloma. Ese príncipe feliz que, frente a su teatro, me hipnotizó los labios.
Hasta me diste flamenco y teatro. Un Bodas de sangre con taconeo, llanto y polémica ahogada, volviendo de Federico.
También fuiste encontrarme a Federico, lejos de Federico. Un cielo celeste donde se recortaba la estatua de ojos vacíos y una paloma. Ese príncipe feliz que, frente a su teatro, me hipnotizó los labios.
Hasta me diste flamenco y teatro. Un Bodas de sangre con taconeo, llanto y polémica ahogada, volviendo de Federico.
¿Sabés? Siete días, nada más. Siete días en los que fuiste hogar. Salir de vos y volver a vos nos hermanó frágilmente.
Fui fugaz y madrileña en Madrid.
lunes, 12 de septiembre de 2011
V. Eindhoven
Me dolés en las manos y en las palmas.
Sos una cita en una estación de trenes con el sol y el cielo enteros y sos un abrazo interminable de quienes saben que el tiempo se termina, inevitablemente. Sos cartas que no se entregan a tiempo, porque no vale la pena jugar con las ganas y sos la certeza de que no es necesario decirlo todo.
Sos nubes que pasan en una tarde de pic nic ajeno y sos una cena de definiciones y declaraciones. Sos caricias en pasto y silencio en papel y sos un balcón florido y filosofía metahumana.
Sos luz y magia. Sos reencuentro y promesas de nada. Sos verdad en el alma y mentira en las ganas.
Sos verde magma y puertas, que se abren y que muestran el verano entero. Porque sos una ciudad verano.
Sos festejos de cumpleaños, también y sos gente nueva.
Sos festival de música, colores, polleras y punta de pie.
Sos lejos y no sos mía, porque aún no encontré la manera de reducir el mundo.
Sos una cita en una estación de trenes con el sol y el cielo enteros y sos un abrazo interminable de quienes saben que el tiempo se termina, inevitablemente. Sos cartas que no se entregan a tiempo, porque no vale la pena jugar con las ganas y sos la certeza de que no es necesario decirlo todo.
Sos nubes que pasan en una tarde de pic nic ajeno y sos una cena de definiciones y declaraciones. Sos caricias en pasto y silencio en papel y sos un balcón florido y filosofía metahumana.
Sos luz y magia. Sos reencuentro y promesas de nada. Sos verdad en el alma y mentira en las ganas.
Sos verde magma y puertas, que se abren y que muestran el verano entero. Porque sos una ciudad verano.
Sos festejos de cumpleaños, también y sos gente nueva.
Sos festival de música, colores, polleras y punta de pie.
Sos lejos y no sos mía, porque aún no encontré la manera de reducir el mundo.
sábado, 27 de agosto de 2011
Claudio María Domínguez, te banco
Hoy volvía a casa en el mismo colectivo de siempre y, a mi lado, una señorona muy emperifollada leía unos libritos de Claudio María Domínguez, que vienen con alguna revista de esas que muestran a los ricos y a los famosos.
Estos libritos, de una calidad editorial sorprendente, tienen un título muy autoayuda y citas de grandes personalidades abocadas a los aforismos. Traen, también, fotografías dignas de powerpoint sensiblero y mucho color pastel.
Sin embargo, me puse a leer a la par de la señorona, un poco agotada de Fortunata y Jacinta.
Y, para sorpresa mía, las cosas que escribía no eran huevadas TAN enormes, eh.
La pifiaba cuando metía a Dios en el medio de tanta filosofucha oriental, tal vez. O cuando se le escapaban algunas marcas de su oralidad pastosa y rococó.
Pero, en general, exponía algunas ideas sobre la relación hombre-mundo que, lejos de parecerme erradas, alguna vez me gustaría poder contagiarle a gente que quiero y se ahoga en vasos vacíos.
Y ahí llegué a una conclusión para sentirme más conforme con el cosmos:
Si uno agarra un texto de Claudio María Domínguez y reemplaza sistemáticamente la palabra Dios por la palabra conga, es un golazo.
lunes, 22 de agosto de 2011
De vidas y vocaciones debidas
Él me dijo: "Estás radiante" y llegamos a la conclusión de que la felicidad se nota en la cara y que la sonrisa se sostiene por dos hombrecitos amables.
El jefe me dijo: "Admiro y envidio tu cara de placer cuando hablar sobre tu clase." Y yo sonreí, de nuevo.
Ella me dijo: "Sí, yo estoy feliz de haber estudiado esto, pero vos hacés lo que te gustó toda la vida."
Yo creo que fui docente en todas las vidas que viví hasta ahora.
No me animo a discutírmelo.
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