jueves, 30 de septiembre de 2010

Te quiero ilimitadamente

Para que no quede ni un límite en pie
soñé con besarte las palmas de las manos
y redescubrí,
entre canciones de novedad y flores de papel,
un viento que nos despeinó los corazones
(que venían cansados, que venían cansinos)
que querían dar vueltas,
remolinos,
y caer en un mar de mareadas risas.

Para que no quede ni un límite en pie
decidí que iba a quererte sin razones
y entendí,
entre nuevas formas de conocerte cada día,
los renglones que no te cuento
(que caminan saltando, soltando)
que quieren ser voz,
aullidos,
y aturdir corazones aturdidos.

Para que no quede ni un límite en pie
quiero desdibujarte las líneas,
y pintarte,
entre crayones, colores y blancos y negros,
la forma que no controlo
(que asoma, que aflora)
que quiere ser magma,
libertad,
y un poco de libertinaje.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Primavera (cosa vistosamente varia y de hermoso colorido)

Septiembre les pide a las chicas
que muestren piernas y piel a mansalva,
y a cambio les regala
un montón de sol nuevo y perfume de azahar.

Septiembre trae alergias
que suena parecido a alegrías
y las flores sacuden en nuestros hombros
caspa de colores y pañuelos en la mano.

Porque septiembre es bipolar,
bisagra,
binorma,
porque septiembre es
primavera ciclotímica
y jazmines en el aire.

Y ellas sonríen en septiembre
porque tienen piel y piernas a mansalva.
Septiembre les regala noches con luna grande
y resacas de resfrío y voz ronca.

Ellos, entonces,
abrazan con dobles ganas,
ganas de piel, ganas de piernas
y ganas de jarabe con sabor a beso.

Porque septiembre, caballeros, es bipolar,
bisagra,
binorma,
porque septiembre, señoritas, es
primavera ciclotímica
y jazmines en el aire.

Hay un limonero que estalla perfumes
y un árbol de botones de colores.
Hay latidos verdes que alargan la luz del sol
y septiembre se llena de sonrisas cómplices.

Ellos entienden las metáforas,
pero prefieren pasarse las horas renovadas
descubriendo que septiembre trae en los bolsillos
caramelos de menta y flores de miel.

Porque septiembre, buenosmozos, es bipolar,
bisagra,
binorma,
porque septiembre, damiselas, es
primavera ciclotímica
y jazmines en el aire.

martes, 28 de septiembre de 2010

Dos a días

Ya no creo
en eternidades
ni en eternas compañías.
La luna se desviste
pidiendo permiso,
y pasean las flores
sin la primavera.
Hay día a días,
soles negros,
pérdidas de energía.
Hay voces,
caídas,
vacíos,
hay inesperadas agonías.

Hay ahora,
mañana,
hay tal vez,
ayer,
hay algún día.

Ya no creo
en soledades
ni en solitarias utopías.
Me pierdo en espacios
que no son lugares
sin tu compañía.
Las nubes adivinan,
y viajan los sueños
pidiendo permiso,
a plazas no recorridas.
Hay goces,
subidas,
estíos,
hay renovadas cacerías.


Soy ahora,
mañana,
soy tal vez,
ayer,
soy algún día.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lugares


Hay lugares en la vida de todas las personas que son lugares con un aura especial. Yo tengo algunos más espirituales, otros más superficiales.
El Gran Rex, por varios motivos, es uno de esos lugares que me movilizan de una manera especial. Es un lugar en el cual la sensibilidad se extrapola en mi cuerpo, sin que yo pueda contenerlo, y me muestra cosas que, si bien ya las sabía, no era capaz de escenificarlo.

Ahí terminé de conocer a Ismael Serrano y comprobé que el amor materno es algo que no todos tienen la dicha de vivir con la potencia con la que lo vivo yo, cuando en esa canción nos descubrí llorando, por los mismos motivos y el mismo amor.

Ahí, también, puse punto final a una relación que ya venía apagándose, y que se terminó de apagar en un concierto desdichado, en el que me sentí inmensa, infinita, pero, también, muy sola y casi indefensa. Ese día me supe jodida, pero contenta. Y lloré en la soledad de la compañía, por última vez.

Hace unas noches, el Gran Rex volvió a regalarme un momento así. Hace unas noches lo descubrí bailando y sonriendo. Lo descubrí feliz. Me miró, me agradeció, me dio un beso y yo supe que estoy en el lugar del cual no tengo ganas de irme. Del cual ya no me voy a ir. El domingo terminé de enamorarme, por completo, al son de Jorge Drexler y una canción llena de colores nuevos.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Miedos


Acariciame lo que queda de cuerpo después de haberme besado y pedime que no te sonría por verte en plena entrega, sin miedo y besándome el alma.
Acariciame el alma y pedime que no me quede miedo en el cuerpo, después de habértelo regalado sin miedo y con más deseos que el deseo mismo de sentir tus caricias en el alma.
Acariciame el cuerpo cuando ya no quede más alma y sentí los miedos que te regalo, sólo por haberme hecho alma desde la primera vez que decidí regalarte un poco de cuerpo.
Dejame que sea alma y pedime que te acaricie lo que que te queda de cuerpo después de haberte desnudado el alma, después de haber desnudado las dudas que me inundan desde que decidí regalarte el alma.

Porque hay veces que dos cuerpos se convierten en un alma y se regalan, mutuamente, a las ganas de sentir que ya no son un cuerpo, que ya no son un alma.

Dejame que te regale el alma, porque ya no tengo más cuerpo que el cuerpo que te regalé y las ganas que ya no son mías, porque ahora son de un alma que no es nuestra, que no es nosotros, pero que nace de mis ganas de regalarte el alma.

Abrazame en silencio y dejame que me quede con un poco de voz, con un poco de tu alma.
Dejame en silencio y pedime que te bese el alma, cuando ya no nos quede más cuerpo, cuando ya no nos quede más voz y cuando ya no nos quede más alma.