miércoles, 24 de marzo de 2010

Oíd mortales: Escena 13

La escena está poco iluminada, en el centro. Es escenario, prácticamente vacío. Sólo hay unos cubos en el centro y un sillón a la derecha. Entran los niños jugando.

- ¡Piedra libre para todos mis compañeros!
- ¡No podés volver a ganar!
- ¡Sí que puedo!
- ¡Salgan! - Los chicos empiezan a buscar en el escenario vacío a gente que no van a encontrar, porque no tienen donde esconderse.
- ¡Salgan chicos, que no es gracioso! - Siguen buscando, cada vez con más detenimiento, preocupación y silencio.
- ¡Ey! 
- Chicos, vengan. - Ella se acerca al foso del escenario y se asoma. Él la asusta por la espalda. Ella no ríe. No puede. Hay una atmósfera gris que la apaga.
- Bueno, dale. Vengan. En serio. 

Los chicos se acercan a la izquierda del escenario, haciendo muecas. Intentan asustar a sus amigos, pero no van a poder asustar a quienes no aparecen.

- Listo, salgan. Ya terminó.

Pero no, no terminó. Apenas está empezando. Los chicos siguen buscando, pero pierden las esperanzas. Ella se asusta. No entienden, los chicos, por qué no aparece el resto. Se miran.  Buscan tras bastidores. Recorren el escenario. Por momentos, corren, creyendo ver algo. Pero es siempre sombra. En el escenario ya no queda nadie. Voltean los cubos, pero siguen siendo cubos. El sillón no se puede mover, por el peso. Y buscan atrás, pero no hay nada. 
Se acercan al centro del escenario y se toman de la mano, mirándose a los ojos. Quedan en silencio. Quietos. Él la abraza. 
Baja la luz del escenario. En simultáneo, sube el volumen de la música:



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